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El Sínodo sobre la Sinodalidad, que celebra desde el 4 hasta el 29 de octubre su Primera Sesión Asamblearia, quiere involucrar a toda la comunidad eclesial y la desafía a construir el camino que debe seguir una Iglesia plena y constitutivamente Sinodal.

Una Iglesia que se construye con la participación de su Pueblo

El PUAM es resultado de un proceso Sinodal que brota de la experiencia Amazónica de 2017 a 2019, la cual dio como resultado la creación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía. En la experiencia actual “Por una Iglesia Sinodal: comunión, participación y misión 2021 a 2024” que se lleva a cabo en su primera sesión, el PUAM se hace presente a través de su director quien ha colaborado desde el inicio y en las diversas fases de este, a partir de la experiencia Amazónica que se une a la propia identidad y misión de este programa universitario.

Este Sínodo presenta una oportunidad para que la comunidad católica sea parte de los procesos de toma de decisiones de la Iglesia. Los académicos del Departamento de Ciencias Religiosas en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, José Sols Lucia y Juan Carlos López, en su redacción para ibero.mx recuerdan como la participación de los fieles era parte de la cotidianidad de las comunidades eclesiásticas primigenias (siglos I y II) e influían en las decisiones que la Iglesia tomaría. Ese proceso es lo que hoy conocemos como sinodalidad.

Y es que el Sínodo para la Sinodalidad busca promover la participación de la comunidad creyente en una profunda comunión en la que cada integrante tenga un “rol que desempeñar en el discernimiento y la vivencia de la llamada de Dios a su pueblo”. Según recogen medios del Vaticano, una Iglesia sinodal, los diversos miembros de sus diversas comunidades, está llamados a diálogo, discernimiento y escucha para, juntos, “tomar decisiones pastorales que correspondan lo más posible a la voluntad de Dios”.

Los Sínodos promovidos por el Papa Francisco se han definido por su capacidad de escucha, especialmente a quienes históricamente han sido excluidos, incluso por la propia Iglesia. Este Proceso Sinodal no es la excepción, por lo que se ha insistido en que los bautizados escuchen a la realidad que les involucra, de la que forman parte. Es por ello por lo que el Papa exhorta a prestar especial atención a las voces de personas y comunidades especialmente vulnerables y excluidas: mujeres, personas con discapacidades, refugiados, migrantes, ancianos, personas que viven en la pobreza, los católicos que rara vez o nunca practican su fe.

Esta participación que se ha promovido desde el Sínodo se ha puesto en marcha en el propio proceso, el que se recordará por permitir que mujeres y laicos tengan voz y voto, una decisión sin precedentes en este espacio.

Participantes del Sínodo piden por la paz

El pasado miércoles 25 de octubre, en la Basílica de San Pedro tuvo lugar la Oración por la Paz. A este espacio de oración asistieron los delegados sinodales que sumaron sus voces a la del Papa Francisco con un llamado: el de dar fin a los conflictos Rusia y Ucrania, así como el de Israel y el grupo terrorista Hamás. Ambos conflictos han dejado ya más de 200 mil muertos y otros cientos de miles de heridos.

En este espacio de oración y comunión los participantes expresaron su intención de ser portadores de vida, de esperanza, de paz, especialmente para los que sufren y están sometidos al horror de la violencia que hoy devasta a tantos pueblos.

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